El Castil de Campos
                                      de Don Niceto Alcalá-Zamora y Torres

       El  18 de febrero de 2009 se cumplía el 60 aniversario de la muerte de Don Niceto Alcalá-Zamora y Torres, presidente de la II República Española exiliado en Argentina, a la que llegó después de un largo y penoso viaje iniciado en Francia, que duraría 441 días, 105 por tierra y 236 por mar. Tuve la oportunidad de conocer las penalidades que sufrió como pasajero de tercera en tan desdichado viaje, y ello gracias a la lectura del libro: "441 días... un viaje azaroso desde Francia a la Argentina" , impreso y editado en Argentina en 1942, libro del que no han de existir muchos ejemplares y que sin embargo conserva -aunque sin pastas- nuestro paisano Antonio González Jiménez, lo que pone de manifiesto el interés con el que algunos campeños siguieron el destino de un hombre al que tantas veces vieron en la plaza de Castil de Campos y que llegaría a convertirse en Jefe del Estado Español.

 
Fachada de la "La Ginesa", la Casería de Campos de Don Niceto
Fotos: Máximo Ruiz-Burruecos

            Fue Don Niceto, un hombre muy religioso, católico y practicante, al que le gustaba oír misa en Castil de Campos cuando descansaba en la Casería de su finca la Ginesa, frecuentemente nombrada Casería de Campos o del Cañuelo por su proximidad a ambas poblaciones, como demuestran estas breves líneas extraídas del periódico Patria Chica: "Tan ilustre paisano ha pasado breves días en su Casería de Campos... regresando a Madrid el pasado jueves". A la fiesta que en ella se celebró en 1.915 con motivo de la primera comunión de los hijos de Niceto Alcalá-Zamora acudió el Alcalde de Castil de Campos, Calixto Ramírez del Puerto, cuya familia estuvo siempre muy vinculada a la figura de D. Niceto. La importancia de esta casa de campo aumentó a media que lo hacía la celebridad de este político prieguense, como evidencian estos versos que han quedado en la memoria de algunas ancianas campeñas como Alejandra Molina Pareja: "Cañuelo ya no es Cañuelo, que es un segundo Madrid, quien ha visto en el Cañuelo, los aeroplanos venir". Sin embargo, al convertirse en centro de todas las miradas también lo fue de las menos deseadas -o a lo mejor de las mas necesitadas-, la noche del 24 de Mayo de 1.930 esta Casería fue presa de un hurto en el que se sustrajeron: "una pareja de patos blancos -la hembra tuerta-, un gallo castellano negro, dos gallos mestizos rubios, tres gallinas mestizas -dos blancas y una rubia- y una gallina china blanca".

 
Patio interior y fachada exterior de La Ginesa. Foto: Máximo Ruiz-Burruecos

De la actuación de los Nicetistas en Castil de Campos se recuerda que remodelaron y techaron el lavadero y la fuente del Otro Ejido, estas construcciones -hoy ya desaparecidas- se situaban en la parte alta de la carretera, junto al nacimiento, constaban de un pilar grande para lavar, tres pilas comunicadas entre sí para torcer la ropa y un abrevadero para las bestias. Tras las obras, se colocó una placa el día de su inauguración que -según me cuentan- desapareció con el estallido de la Guerra "inCivil". Mas tarde y tras perder agua el venero, la fuente y los lavaderos se trasladaron a la parte baja de la carretera, aquella todavía persiste, los lavaderos sin embargo, hace ya tiempo que desaparecieron. También se recuerda con cierta importancia, que siendo Alcalde de Campos Alberto Ramírez del Puerto Castillo, se empedró el Callejón (hoy Calle Priego). Pero quizás, el hecho que tuvo mayor trascendencia para el pueblo de Castil de Campos y que mejor se recuerda sea, la enajenación de las rentas procedentes del patrimonio que el Duque de Medinaceli tenía arrendadas a los colonos campeños; esta enajenación se produjo durante el mandato de Niceto Alcalá-Zamora y a través de Víctor Rubio Chávarri, pero dejemos que sea un campeño quien nos cuente lo sucedido: "...allá por 1933, cuando yo era un niño de unos 8 años, ocurrió un hecho trascendental: LA COMPRA DE TIERRAS por nuestros antepasados, de los que ya quedan pocos. Las tierras eran en su mayoría del Duque de Medinaceli, y había muy poca propiedad, y muchos vecinos no tenían ni por donde les viniera. Hoy es un orgullo de este pueblo poder decir que todos tienen alguna de ésta. Y para dar algunos detalles de este hecho diré que esta administración del Duque fue vendida a sus colonos por el precio de 500 pesetas la fanega más barata y a 600 la mas cara, todo ello con un anticipo de un tanto por ciento y lo demás pagado en 6 años. Aún así, los que no reunían el dinero del anticipo, tuvieron que esperar a una segunda venta para poderla conseguir (Rafael González Ruiz-Burruecos)".

      
Farol y Campana de La Ginesa. Fotos: Máximo Ruiz-Burruecos

El Castil de Campos de la II República estaba muy poblado -1.211 vecinos según el padrón de 1.935- y mas de la mitad de la población era analfabeta, cerca del 60% no sabían leer ni escribir, no obstante se había avanzado mucho en este terreno en los últimos diez años pues este porcentaje ascendía al 80% según el padrón de 1924. Existían dos escuelas, una de niños regentada por un maestro de Córdoba, Manuel Jiménez Vaquerizo e instalada en un local arrendado por 300 pesetas a Antonio Manuel Alba Jiménez, y otra de niñas regentada por Remedios Melora García, de Badajoz, en un local arrendado por 250 pesetas a Zacarias González Molina. Estos maestros, al parecer compartieron algo mas que la docencia, pues se recuerda que llegaron a ennoviarse en Castil de Campos.

Fuente de La Ginesa. Foto: Máximo Ruiz-Burruecos

La mayor parte de la población activa trabajaba en el campo como arrendatarios, jornaleros o labradores propietarios, estos últimos aumentaron de número como es lógico, tras las compras de tierras a las que anteriormente nos referíamos, aunque no fueron muchos los beneficiados por estas ventas en un primer momento, el dinero escaseaba y muchos colonos no pudieron adquirir las tierras que tenían arrendadas.

        
Reja, banco y pozo de los jardines de La Ginesa. Fotos: Máximo Ruiz-Burruecos

La actividad industrial en el casco urbano se reducía a la fábrica de harina y molino de aceite propiedad de José María Luque García, aunque tenemos constancia de la existencia de otros dos molinos aceiteros en la inmediaciones de Castil de Campos, el de la Solana propiedad de Carlos Molina Aguilera y el del Pozo Rey propiedad de José Matilla Muriel.

Ventana de la Capilla.
Foto: Máximo Ruiz-Burruecos

En cuanto a  fuerzas de seguridad, estábamos bien servidos, a parte de los tres Guardias Civiles destinados en el Cuartel de la calle Fuente Tójar de Castil de Campos (Manuel Luque Caballero de Carcabuey, Manuel Aguilera Pareja de Posadas y Luis Martos Torres de Villanueva del Duque), existía un guarda municipal, Manuel Cervera Vilchez. Si tenías que arreglar los zapatos podías elegir zapatero: Antonio Bermúdez Corpas o José María Ordóñez Onieva. El servicio de panadería estaba a cargo de los hermanos Jurado Aguilera, Antonio y Ángel. Si  había que comprar lienzos, pana o tela para camisones  se podían adquirir en el tienda de Araceli León Molina. Los cortes de pelo te los daban en la barbería de Manuel Osuna Cabezuelo, en plena plaza del Rosario. Si había que traer grano o paja de la campiña o llevar orujo a Priego había que avisar a Antonio Castillo Molina, que tenía por oficio carrero. Para tomar aguardiente, vino o café, podías acudir a la taberna de José María Ruiz-Burruecos García (actual Bar de Félix). De la fabricación de sillas, marcos para "Santos" (cuadros) e incluso ataúdes se encargaba el carpintero del pueblo, Manuel García Serrano (los ataúdes presentaban la particularidad de que los palos que servían para transportarlo se utilizaban posteriormente para elaborar la Cruz destinada al enterramiento).  También había en Castil Campos un herrero y cerrajero, que hacía las veces de mecánico y taxista, Antonio Parreño Guerrero, tenía la herrería en la calle Nueva y posteriormente la trasladó al Callejón donde al parecer enseñó el oficio al actual herrero de Castil de Campos, Francisco Jiménez Ropero. El encargado de repartir la correspondencia, "con cabestro de borrico en mano", era lógicamente el cartero, Rufino Corpas Avalos, que además disponía de servicio telefónico.

   
Jardines de La Ginesa próximos a Castil de Campos. Fotos: Máximo Ruiz-Burruecos

Para asuntos relacionados con la ley y la justicia se disponía de un excelente abogado, y nicetista según me comentan, que llegó a ser Fiscal del Juzgado de Alcalá la Real,  José Ramírez del Puerto y Ruiz-Burruecos, así como de un secretario judicial, Antonio Padilla Pérez.

En el padrón de 1.935 además de las anteriores profesiones aparece también un corredor, Antonio Ruiz-Burruecos García, varios maestros (Domingo Onieva Moral, Juliana Arjona Sánchez y Trinidad García Pareja), un peón caminero, Antonio Corpas Jurado, y un chófer, José Villena Castro, Chófer que nos conduce al final de este breve recorrido por el Castil de Campos republicano de Don Niceto.
  Máximo Ruiz-Burruecos Sánchez
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